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martes, 11 de septiembre de 2012

La Pascua de un Santo (III)


Por Ignace Étienne Motte y Gérald Hégo, OFM

La libertad de san Francisco

La alegría de Francisco tiene poco que ver con la exigua alegría del hombre que se levanta de buen humor por la mañana; cierto que debe exteriorizarse, que debe leerse esta alegría en los ojos, que debe ser participada, comunicada: el día de Navidad, hasta las paredes deben untarse con carne. Pero la alegría de Francisco es la explosión del corazón de aquel para quien cada mañana es mañana de liberación; la alegría de quien está salvado y, con un solo hábito, sin dinero, provisto únicamente de la sonrisa, va por el mundo a compartir su propia liberación pascual y su nostalgia del Reino. Alegría de quien ya no es esclavo sino hijo; alegría de quien, liberado de la ley, ama apasionadamente y hace lo que quiere, porque su ley es la caridad. Su andadura, en el austero caminar sobre la tierra, es una danza ligera y libre porque él sabe, porque él cree que, aun en medio de su búsqueda ansiosa, Dios está presente y Dios lo salva.

lunes, 10 de septiembre de 2012

La Pascua de un Santo (II)


Por Ignace Étienne Motte y Gérald Hégo, OFM

La fidelidad y alegría de san Francisco

La penitencia, que había sido un sí al llamamiento del Señor y caracterizó la larga etapa de la conversión, en adelante se va a llamar fidelidad. Pasan los años entre claridades y sombras, entre revelaciones y silencios, entre señales y carencia de ellas. Llora Francisco la pasión del Crucificado y busca una conformidad lo más estricta posible con Él. Francisco comunica su pasión a los hombres y funda fraternidades, sacudiendo a los pueblos adormecidos. Y sobrevienen las grandes pruebas: pruebas dentro de su propia Orden en la que, a su vuelta de Tierra Santa, se ofende a dama Pobreza; fracasos y sinsabores en las misiones extranjeras; luchas difíciles en las que, agotado Francisco a sus cuarenta años, conserva todavía joven su corazón y fresca su desenfrenada pasión por Dios.

domingo, 9 de septiembre de 2012

La Pascua de un Santo (I)


Por Ignace Étienne Motte y Gérald Hégo, OFM

La conversión de san Francisco

La historia de san Francisco es la de un hombre que ha penetrado poco a poco en el misterio pascual de su Señor Jesús. Los primeros encuentros fueron con el Jesús que sufre y exige que el discípulo sufra con Él.

Reunamos los episodios referentes a lo que denominamos la conversión de san Francisco; todos ellos nos hablan de lucha. Los años que transcurren entre los veinte y veinticinco de Francisco, esto es desde el coloquio con el crucifijo de San Damián hasta el desprendimiento total ante el obispo de Asís y la formación de la primera fraternidad franciscana, son años dolorosos, años trágicos. Todo el que se deja apresar por el Crucificado es introducido en un engranaje mortificante. Más tarde será muy bello evocar la poesía del beso del leproso, de cuando Francisco se disfrazó en Roma, del conflicto familiar, del regreso de Espoleto a Asís, donde el joven Francisco, que había partido como caballero en ciernes y aclamado de todos, aparece abochornado y en calidad de mendigo bajo la rechifla de los que poco antes le adoraban.