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sábado, 9 de marzo de 2013

«Adorar al Señor Dios» Algunas conclusiones de la oración en san Francisco


Por Julio Micó, OFMCap

Si Dios es -o debe ser- para nosotros el Absoluto, lógicamente todo lo demás debe estar en función de esta convicción, no solamente trabajando por limpiar nuestro corazón para poder ver a Dios, sino colocando en segundo lugar, por importante que sea, todo aquello que decimos no ser Dios mismo. El trabajo y el estudio, dos actividades-tipo que podemos convertir en absolutos, y por tanto en ídolos, deben supeditarse a la supremacía de Dios (2 R 5,1-3; CtaA 2).

jueves, 7 de marzo de 2013

«Adorar al Señor Dios » 
Oración y vida en san Francisco (I)

Por Julio Micó, OFMCap

La oración, por importante que sea en el camino espiritual de un creyente, no puede estar desligada del resto de la vida. Orar no es un acto más de la persona, que se pueda colocar junto a otras actividades, también importantes, para la realización cristiana. El que ora se sitúa, todo él, ante la presencia de Dios, consintiendo a su acción salvadora y dejándose transir por lo que constituye su fundamento y horizonte. Por eso Francisco no rehuyó la mirada benevolente de Dios que le invitaba a la penitencia (Test 1); es decir, a la conversión de su vida en un quehacer para el Reino propuesto por Jesús en el Evangelio. Desde que Francisco experimentó en Espoleto la presencia divina de una forma arrolladora, no pudo hacer de su vida otra cosa más que gastarla, convertida en respuesta, en adorar, alabar y servir a su Señor.

miércoles, 6 de marzo de 2013

«Adorar al Señor Dios» 
La oración privada de san Francisco


Por Julio Micó, OFMCap

En la oración privada es donde se descubre el auténtico Francisco como orante. La posibilidad que le ofrecía esta forma de oración liberaba toda su potencialidad creativa a la hora de materializar su encuentro con Dios. En estas situaciones espontáneas es donde emerge y se manifiesta lo más profundo de Francisco; aquello que le constituye y lo configura como hombre de Dios y para Dios.

lunes, 4 de marzo de 2013

«Adorar al Señor Dios» Actitud contemplativa de Francisco de Asís (II)


Por Julio Micó, OFMCap

c) Contemplar a Dios

El talante contemplativo colorea también las relaciones con Dios. En este sentido, contemplar es percibir intuitivamente lo que es Dios y lo que es el hombre y el lugar que ocupa cada uno en este encuentro personal. La expresión de Francisco: «¿Quién eres tú, dulcísimo Dios mío? Y, ¿quién soy yo, gusano vilísimo e inútil siervo tuyo?» (Ll 3), después de recibir las llagas, es el exponente de lo que significaba para él la contemplación.

sábado, 2 de marzo de 2013

«Adorar al Señor Dios» Actitud contemplativa de Francisco de Asís (I)


Por Julio Micó, OFMCap

Es indudable que Francisco era un contemplativo. Para nuestra sociedad tecnificada, que ve las cosas de forma utilitarista y dominante, resulta difícil entender que nos podamos relacionar con el mundo de otro modo. Sin embargo, eliminando ese afán depredador que nos convierte en cazadores de lo creado, puede surgir esa mirada limpia capaz de descubrir la gratuidad de la belleza. Contemplar es acercarse a las cosas y a los hombres de forma respetuosa para iniciar un diálogo desde el ser.

lunes, 9 de julio de 2012

La vida del Evangelio 
(V)


Por Julio Micó, OFMCap

Jesús, el Siervo sufriente

El que se atreve a seguir a Jesús por el camino de las Bienaventuranzas no queda impune. El poder diabólico del mal no perdona, como tampoco le perdonó a Él, que pretendamos salir del círculo de su influencia (1 R 22,19). Por eso, el seguimiento evangélico debe contar con el hecho de la cruz como una consecuencia más de la opción tomada. El misterioso Siervo sufriente de Isaías (Is 42,1ss) tomó carne en Jesús. Las palabras que el Padre le dirigió en el momento en que era bautizado por Juan, «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco» (Mc 1,11), configuran la vocación de Jesús como tarea y misión del siervo sufriente, solidarizándose con los miserables y pecadores, con todos los malvados de la tierra, para sufrir por ellos y en lugar de ellos (Is 53,12). Pero el Padre, al resucitar a Jesús, nos mostró que el mal, causante de sufrimientos y de muerte, no es lo más poderoso ni lo definitivo, ya que más allá de todo eso está Él con su voluntad amorosa de hacer del hombre su propia gloria.