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miércoles, 2 de enero de 2013

El doble precepto de la caridad 



De los tratados de S. Agustín sobre el evangelio de S. Juan

Vino el Señor mismo, como doctor en caridad, rebosante de ella, compendiando, como de él se predijo, la palabra sobre la tierra, y puso de manifiesto que tanto la ley como los profetas radican en los dos preceptos de la caridad.

sábado, 18 de agosto de 2012

El Señor se ha compadecido de nosotros

Del sermón 23A de san Agustín

Dichosos nosotros si llevamos a la práctica lo que escuchamos y cantamos. Porque cuando escuchamos es como si sembráramos una semilla, y cuando ponemos en práctica lo que hemos oído es como si esta semilla fructificara. Empiezo diciendo esto porque quisiera exhortaros a que no vengáis nunca a la iglesia de manera infructuosa, limitándoos sólo a escuchar lo que aquí se dice, pero sin llevarlo a la práctica. Porque, como dice el Apóstol, estáis salvados por su gracia, pues no se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. No ha precedido, en efecto, de parte nuestra una vida santa, cuyas acciones Dios haya podido admirar, diciendo por ello: «Vayamos al encuentro y premiemos a estos hombres, porque la santidad de su vida lo merece». A Dios le desagradaba nuestra vida, le desagradaban nuestras obras; le agradaba, en cambio, lo que él había realizado en nosotros. Por ello, en nosotros, condenó lo que nosotros habíamos realizado y salvó lo que él había obrado.

lunes, 25 de junio de 2012

Cristo consagró en su mesa el misterio de la Paz y de Nuestra Unidad

Del Sermón 272 de San Agustín

Esto que veis sobre el altar de Dios es un pan y un cáliz: de ello dan testimonio vuestros mismos ojos; en cambio, vuestra fe os enseña a ver en el pan el cuerpo de Cristo, y en el cáliz la sangre de Cristo.

Os lo he dicho en breves palabras, y quizá a la fe le sea suficiente; pero la fe desea ser instruida. Podríais ahora replicarme: Nos has mandado que creamos, explícanoslo para que lo entendamos. Puede, en efecto, aflorar este pensamiento en la mente de cualquiera: Sabemos de quién tomó la carne nuestro Señor Jesucristo: de la Virgen María. De niño fue amamantado, alimentado, creció, llegó a la edad juvenil, fue muerto en el madero, fue bajado de la cruz, fue sepultado, resucitó al tercer día y, el día que quiso, subió al cielo llevándose allí su propio cuerpo; de allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos, allí está ahora sentado a la derecha del Padre: ¿cómo el pan puede ser su cuerpo? Y el cáliz, o lo que el cáliz contiene, ¿cómo puede ser su sangre?

domingo, 8 de abril de 2012

“La plenitud del amor”
 De los tratados de san Agustín 
sobre el Evangelio de san Juan (84, 1-2)

El Señor, hermanos muy amados, quiso dejar bien claro en qué consiste aquella plenitud del amor con que debemos amarnos mutuamente, cuando dijo: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Consecuencia de ello es lo que nos dice el mismo evangelista San Juan en su carta: Cristo dio su vida por nosotros; también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos, amándonos mutuamente como Él nos amó, que dio su vida por nosotros.