Por
Teodoto de Ancira, Sermón en la Natividad del
Salvador
El Dueño de todo
vino en forma de siervo, revestido de pobreza, para no ahuyentar la presa.
Habiendo elegido para nacer la inseguridad de un campo indefenso, nace de una
pobrecilla virgen, inmerso en la pobreza, para, en silencio, dar caza al hombre
y así salvarlo. Pues de haber nacido en medio del boato, y si se hubiera
rodeado de riqueza, los infieles habrían dicho, y con razón, que había sido la
abundancia de riqueza la que había operado la transformación de la redondez de
la tierra. Y si hubiera elegido Roma, entonces la ciudad más poderosa, hubieran
pensado que era el poderío de sus ciudadanos el que había cambiado el mundo.