Por Miguel Ángel Lavilla Martín, OFM
La Palabra de Dios atraviesa todos los escritos de
Clara, marcándolos de manera indeleble. Y en su vida la Palabra de Dios era su
alimento diario.
El evangelismo de Clara es patente. Su
lectura del Evangelio no se reducía a una lectura material-literal, sino que,
inspirada por el Espíritu, perseguía su encarnación en lo cotidiano.
Éste es uno de los rasgos que convierte
a Clara en actual. La Palabra de Dios, el Evangelio, nunca pasa de moda,
siempre es actual. Clara no sólo escuchó la Palabra, sino que decidida
respondió a lo escuchado, en las circunstancias concretas en que vivió. Para
todo creyente en el Señor Jesús, su vocación es escuchar esa Palabra viva y
poner en acto lo escuchado, la obediencia a la Palabra. Para obedecer a la
Palabra, para encarnarla en el aquí y ahora, se requiere una implicación de
todas las dimensiones de la persona: sentimientos, inteligencia, memoria y
voluntad. En esta encarnación de la Palabra en el presente, también Clara puede
ayudarnos como referente.