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domingo, 8 de julio de 2012

La vida del Evangelio (IV)

Por Julio Micó, O.f.m.Cap.

Las Bienaventuranzas

Los textos evangélicos de misión son ciertamente configuradores del movimiento franciscano. Pero existe más allá de ellos un sustrato que explica su talante y su conducta, y que no es otro más que el espíritu de las Bienaventuranzas. Sobre todo las Admoniciones de Francisco son un ejemplo, detallado y sutil, de este espíritu que resulta incomprensible para el que no lo vive desde dentro. Las Bienaventuranzas resultan escandalosas porque describen al hombre nuevo que nos ofrece Jesús completamente enfrentado con el proyecto de hombre que nosotros nos hemos forjado; de ahí que aceptar la confrontación, tomando como árbitro el texto de las Bienaventuranzas, ponga a prueba la calidad de nuestra fe.

sábado, 7 de julio de 2012

La vida del Evangelio (III)

Por Julio Micó, o.f.m.Cap.

Adorar al Señor Dios

No cabe duda de que nuestra cultura se caracteriza por ser antropocéntrica, es decir, que el hombre es la medida de todas las cosas. De ahí que al hablar de experiencia de Dios pongamos inmediatamente el acento en nuestra percepción subjetiva. Este sentimiento no sólo existe a niveles espontáneos y coloquiales, sino que se ha estructurado de forma científica en la llamada fenomenología de la religión.

jueves, 5 de julio de 2012

La Vida del Evangelio (II)

Por Julio Micó, o.f.m.Cap.

Cómo vivió san Francisco en Evangelio

Francisco era un hombre práctico. Si había optado por el Evangelio no era sólo para conocerlo intelectualmente, sino sobre todo para practicarlo. Pero a la hora de saber qué tipo de evangelismo fue el vivido por Francisco, habrá que preguntarse también desde dónde lo vivió o desde qué imagen lo actuó.

lunes, 2 de julio de 2012

La Vida del Evangelio (I)

Por Julio Micó, o.f.m.cap.

El evangelismo de san Francisco

Al identificar y valorar la experiencia espiritual de Francisco solemos recurrir a determinados tópicos, tales como la pobreza, la alegría, la familiaridad con la naturaleza, etc., que, si bien satisfacen la curiosidad de una fe superficial y descomprometida, no reflejan del todo lo que realmente supuso para él encontrarse con ese Dios vivo que le cercó y fascinó hasta conseguir que lo siguiera por el camino del Evangelio.

viernes, 9 de marzo de 2012

«Adorar al Señor Dios » 
Algunas conclusiones de la oración en san Francisco

Por Julio Micó, o.f.m.cap.

Si Dios es -o debe ser- para nosotros el Absoluto, lógicamente todo lo demás debe estar en función de esta convicción, no solamente trabajando por limpiar nuestro corazón para poder ver a Dios, sino colocando en segundo lugar, por importante que sea, todo aquello que decimos no ser Dios mismo. El trabajo y el estudio, dos actividades-tipo que podemos convertir en absolutos, y por tanto en ídolos, deben supeditarse a la supremacía de Dios (2 R 5,1-3; CtaA 2).

jueves, 8 de marzo de 2012

«Adorar al Señor Dios » 
Oración y vida en san Francisco (II)


Por Julio Micó, o.f.m.cap.

Cualquiera que desconozca las biografías que hablan de Francisco, podrá creer que la madurez con que vivió su relación con Dios -su oración- le obligaba a llevar una vida retirada y al margen de los problemas que bullían en la sociedad de su tiempo. Sin embargo, no fue así. Sorprende la gran actividad apostólica que realizaba y su acercamiento a los grupos sociales más diversos, con el fin de comunicarles de forma directa y experimental la buena noticia del Evangelio. El talante de itinerancia que adopta en su apostolado es un exponente de su afán por anunciar a todos los hombres que la raíz y el horizonte de lo humano está en Jesús, el Dios que se hace hombre manifestándose en la espesura de nuestra humanidad.

Para Francisco, la oración no fue un tiempo sagrado dedicado exclusivamente a Dios para llenarse de Él y luego poderlo ofrecer a los demás en el apostolado, como a veces insinúan los biógrafos. Toda su vida evangélica, por estar vivida ante la mirada bondadosa de Dios, fue oración, si bien tomaba formas distintas según se materializara en espacios de reflexión y contemplación o en actividades de convivencia y predicación.

De este modo, la oración y la vida, o la contemplación y la acción, eran momentos de su ser cristiano que se autentificaban recíprocamente. Por su oración pasaba todo lo creado con su carga de sufrimiento y su capacidad para convertirse en alabanza de Dios (Cánt); pero, al mismo tiempo, su predicación era una invitación a tomar la vida con seriedad, con profundidad, alabando al Señor por habernos amado de una forma tan desinteresada y comprometida (2CtaF 19-62). Para Francisco, alabanza y acción se identificaban hasta el punto de motivar a sus frailes diciéndoles: «Alabad a Dios, porque es bueno, y enaltecedlo en vuestras obras; pues para esto os ha enviado al mundo entero, para que de palabra y de obra deis testimonio de su voz y hagáis saber a todos que no hay otro omnipotente sino Él» (CtaO 8-9).

Para Francisco, como buen medieval, el mundo no es un engranaje mecanicista donde las cosas suceden según sus propias leyes sin que nadie lo habite ni armonice. Él lo pensaba vivo; animado por una Presencia que funda, sostiene y empuja todo lo creado hacia su plenitud (1 R 22,1-4); de ahí su enorme providencialismo. La historia, más que una sucesión de aconteceres inconexos, es el fluir providente de un proyecto nacido del amor. Por eso Francisco recuerda en su Testamento que el Señor fue el que le hizo cambiar de vida y hacer penitencia (v. 1); el que lo acompañó hasta donde estaban los leprosos, para que practicase con ellos la misericordia (v. 2); el que le dio tal fe en las iglesias, como lugar de encuentro entre Dios y los hombres, que no constituían ningún obstáculo a la hora de formular una sencilla oración sobre la cruz (v. 4). Igualmente, fue el Señor el que le concedió una fe tan grande en los sacerdotes, a causa de su ministerio, que prefería callar sus defectos y limitaciones para colaborar con ellos de una forma reverente (vv. 6-10); lo mismo habría que decir de los teólogos (v. 13). Por último, el Señor fue el que le dio los hermanos para que formaran la Fraternidad, inspirándoles que vivieran según la forma del santo Evangelio (v. 14).

Si el mundo no es fruto del azar sino de la magnanimidad amorosa de Dios que lo acompaña en su caminar, la actitud del hombre no puede ser otra más que reconocer esta presencia, abandonándose en sus manos, y hacer de su vida una alabanza continua al que nos llama a participar de su mismo amor.

[Cf. el texto completo en Selecciones de Franciscanismo n. 56, 1990, 177-212]

martes, 6 de marzo de 2012

«Adorar al Señor Dios »
La oración privada de San Francisco

Por Julio Micó, o.f.m.cap.

En la oración privada es donde se descubre el auténtico Francisco como orante. La posibilidad que le ofrecía esta forma de oración liberaba toda su potencialidad creativa a la hora de materializar su encuentro con Dios. En estas situaciones espontáneas es donde emerge y se manifiesta lo más profundo de Francisco; aquello que le constituye y lo configura como hombre de Dios y para Dios.

lunes, 5 de marzo de 2012

«Adorar al Señor Dios»
Francisco, juglar y liturgo de Dios

Por Julio Micó, o.f.m.cap.

Centrándonos en lo que normalmente entendemos por oración, cabe subrayar no sólo la profundidad teológica de la plegaria en Francisco, sino su diversidad en cuanto a las formas. La frase con la que san Buenaventura describe a Francisco como juglar y liturgo de Dios (LM 8,10) expresa realmente el modo con el que el Santo se relacionaba con el Misterio. Por una parte, su condición de juglar le permitía encontrarse con Dios de una forma espontánea, sacando de sus raíces populares esas expresiones plásticas que le posibilitaban una mayor creatividad personal. Por otra, su condición de hombre de Iglesia le obligaba a ser también liturgo, expresando en el Oficio divino y en las demás celebraciones eclesiales su docilidad al Espíritu para que le abriera a Cristo como sacramento del Padre.

domingo, 4 de marzo de 2012

«Adorar al Señor Dios» 
Orar siempre, actitud de Francisco de Asís

Por Julio Micó, o.f.m.cap. 

El que ha sido tocado por Dios en lo profundo de su ser, como Francisco, necesita alargar el encuentro con el Señor para satisfacer su sed de sentido, sin el que la vida estaría vacía, e iluminar su diario existir. Francisco lo describe como espíritu de oración y devoción (2 R 5,2).

sábado, 3 de marzo de 2012

«Adorar al Señor Dios»
Actitud contemplativa de Francisco de Asís

Por Julio Micó, o.f.m.cap.

Es indudable que Francisco era un contemplativo. Para nuestra sociedad tecnificada, que ve las cosas de forma utilitarista y dominante, resulta difícil entender que nos podamos relacionar con el mundo de otro modo. Sin embargo, eliminando ese afán depredador que nos convierte en cazadores de lo creado, puede surgir esa mirada limpia capaz de descubrir la gratuidad de la belleza. Contemplar es acercarse a las cosas y a los hombres de forma respetuosa para iniciar un diálogo desde el ser.

jueves, 1 de marzo de 2012

"Adorar al Señor" La oración de San Francisco


Por Julio Micó, o.f.m.cap.

El mismo Espíritu que arranca a los hermanos de la familia y de las preocupaciones del mundo para reunirlos en una Fraternidad de célibes, es el que los pone ante su Señor para que se reconozcan como fruto de su amor salvador e intenten acercarse a Él con fidelidad y alabanza agradecida.