Mostrando las entradas con la etiqueta San Francisco de Asís. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta San Francisco de Asís. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de marzo de 2013

Papa Francisco explica por qué eligió este nombre


El Papa Francisco explicó esta mañana, al reunirse con más de seis mil periodistas en el Aula Pablo VI, la razón por la que eligió el nombre de Francisco, señalando que, en un momento determinado “el nombre ha entrado en mi corazón: Francisco de Asís”.



El Santo Padre recordó que “algunos no sabían por qué el Obispo de Roma ha querido llamarse Francisco. Algunos pensaban en Francisco Javier, en Francisco de Sales, también en Francisco de Asís”.



lunes, 4 de marzo de 2013

«Adorar al Señor Dios» Actitud contemplativa de Francisco de Asís (II)


Por Julio Micó, OFMCap

c) Contemplar a Dios

El talante contemplativo colorea también las relaciones con Dios. En este sentido, contemplar es percibir intuitivamente lo que es Dios y lo que es el hombre y el lugar que ocupa cada uno en este encuentro personal. La expresión de Francisco: «¿Quién eres tú, dulcísimo Dios mío? Y, ¿quién soy yo, gusano vilísimo e inútil siervo tuyo?» (Ll 3), después de recibir las llagas, es el exponente de lo que significaba para él la contemplación.

sábado, 2 de marzo de 2013

«Adorar al Señor Dios» Actitud contemplativa de Francisco de Asís (I)


Por Julio Micó, OFMCap

Es indudable que Francisco era un contemplativo. Para nuestra sociedad tecnificada, que ve las cosas de forma utilitarista y dominante, resulta difícil entender que nos podamos relacionar con el mundo de otro modo. Sin embargo, eliminando ese afán depredador que nos convierte en cazadores de lo creado, puede surgir esa mirada limpia capaz de descubrir la gratuidad de la belleza. Contemplar es acercarse a las cosas y a los hombres de forma respetuosa para iniciar un diálogo desde el ser.

domingo, 7 de octubre de 2012

San Francisco de Asís


Carta S. S. Juan Pablo II en el VIII centenario
del nacimiento de san Francisco (15-VIII-1982)

Libertad, paz y fraternidad, ecumenismo y ecología

Aunque Francisco no usó casi nunca la palabra libertad, fue su misma vida una expresión verdaderamente singular de la libertad evangélica. En su estilo de vida y en su proyecto interior se transparentaba la libertad de espíritu y la espontaneidad de quien ha hecho del amor la ley suprema y está completamente unido a Dios. Una de las manifestaciones de esto es la libertad que dio, de acuerdo con el Evangelio, a sus hermanos para que comieran de todos los alimentos que les ofrecieran.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Impresión de las llagas de San Francisco


Desde su conversión a Dios, san Francisco profesó una grandísima devoción a los misterios de la pasión del Señor, y no cesó de meditar y de predicar, con su vida y su palabra, a Cristo crucificado. En septiembre de 1224, dos años antes de su muerte, se retiró al monte Alverna para consagrarse totalmente a la oración y la penitencia, y un día, mientras estaba sumido en contemplación, el Señor Jesús imprimió en su cuerpo -manos, pies y costado- los estigmas de su pasión. Le sangraban, le causaban grandes sufrimientos y le dificultaban su vida y actividades, pero no cesó de viajar y predicar mientras sus fuerzas se lo permitieron. En vida del Santo, sus compañeros más cercanos pudieron ver las llagas de manos y pies, y a partir de su muerte todos pudieron contemplar también la llaga del costado. Benedicto XI concedió a la Orden franciscana celebrar cada año la memoria de este hecho, probado por testimonios fidedignos.

Oración: Dios de amor y de misericordia, que marcaste con las señales de la pasión de tu Hijo al bienaventurado padre Francisco para encender en nuestros corazones el fuego de tu amor, concédenos, por su intercesión, configurarnos a la muerte de Cristo para vivir eternamente con él. Que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.  Amén.

domingo, 26 de agosto de 2012

Mansedumbre y cortesía,
virtudes típicas de San Francisco (IV)


Por María Sticco

Suele decirse que una persona cortés siempre y con todos no puede ser sincera. Si por sinceridad entendemos espontaneidad instintiva, entonces la cortesía puede convertirse en una máscara «muy a tono»; mas cuando los instintos de agresividad y de repulsa son dominados de antemano por la mansedumbre de no juzgar, de no condenar, la cortesía es genuina, es abnegación de sí mismo, no por gusto propio sino por complacer a los demás, y se expresa en alegría. Por otra parte, la cortesía de san Francisco traspasaba todas las fronteras de la amistad y de la conveniencia, y se extendía, ¡con cuánta delicadeza!, hasta los ladrones de monte Casale, los herejes, los mahometanos.

sábado, 25 de agosto de 2012

Mansedumbre y cortesía, virtudes típicas de San Francisco de Asís (III)


Por María Sticco

Cortesía significaba «uso de corte... cuando en las cortes antiguamente brillaban las virtudes y las buenas costumbres» (Dante: El Convite II, X, 8); cortesía significaba lealtad, proeza, liberalidad, o sea, generosidad en dar espléndidamente, sin reservas. Los trovadores iban cantando de castillo en castillo las loas del señor cortés, que se ataviaba «con el honor de la bolsa y de la espada», y el honor de la bolsa consistía en dar «con pronta liberalidad, dar a muchos, dar cosas útiles, dar sin haber sido rogado». Y el dar pronto a muchos «se asemeja a los beneficios de Dios, que es bienhechor universalísimo» (Dante: El Convite I, VIII, 2-4).

Esta cortesía ideal, que el niño Francisco había oído celebrar en las canciones provenzales, en las gestas de los paladines, en los romances del ciclo de Artús, y quién sabe si en los cuentos de su madre, florecía bajo la nieve y las zarzas de la ascética en la fantasía mística del convertido. La transfiguración de sí mismo en heraldo del gran Rey precisamente cuando, pobre y andrajoso, fue arrojado por unos bandoleros a una fosa de nieve del Subasio; la transfiguración de sus primeros compañeros en hijos del gran Rey, abandonados en el desierto, pero conservando siempre los derechos reales; la transformación de la aborrecida y humillante pobreza en dama Pobreza, su esposa y señora, así como la de los hermanos en caballeros de la tabla redonda; el saludo a las virtudes, como a parejas de nobles damas que desfilan en cortejo precediendo o acompañando a su soberana, son todo ello, en el fondo, fantasías caballerescas aplicadas metafóricamente a su mundo religioso.

Pero Francisco era hombre de oración y de acción. Como hombre de oración pensaba que «la cortesía es una de las propiedades de Dios quien, por cortesía, da su sol y su lluvia a justos e injustos, y es hermana de la caridad» (Florecillas 36). Como hombre de acción convertía en vida sus conceptos; y he aquí la incomparable cortesía del Poverello que, sin poseer nada, daba siempre. La mayor mortificación para un pródigo como rey de las fiestas debió consistir precisamente en no tener ya nada para dar. Su cortesía, no obstante, era así de ingeniosa como para encontrar todavía algo en sí para los mendigos: la capucha, el manto, la túnica, una manga de túnica, un retazo del manto. La historia de los mantos, o mejor, de los vestidos de san Francisco, constituye una pequeña epopeya, y comienza cuando, joven todavía en el mundo, cede su flamante armadura nueva a un noble venido a menos (cf. 2 Cel 5).

Fue cortés con sus hermanos. Para el fidelísimo fray León escribió de su propio puño una bendición especial (2 Cel 49). Poco antes de la muerte, cuando vio los «mostaccioli» (especie de bizcochos) traídos por la señora Jacoba, pensó en fray Bernardo, el primero de la primera hora: «Este manjar le sabrá bien al hermano Bernardo» (LP 12). Amó con predilección a fray Ángel de Rieti «excelente por su cortesía» (EP 85). Llegaba a adivinar el deseo de los hermanos que venían de lejos para pedir su bendición, o para oír una palabra tranquilizadora de sus conciencias, o en busca de una reliquia suya o incluso de su túnica; y bien pronto los dejaba complacidos privándose gustoso aun de lo más estrictamente necesario. Al fin de su vida, intuyendo el deseo de un hermano de hacerse con su túnica después de la muerte, se la ofreció, privándose de poderla dar a otro: «Te entrego esta mi túnica y sea en adelante tuya. Aunque la utilice mientras viva, a mi muerte te será devuelta» (2 Cel 50).

Fue todo un caballero para con las mujeres dignas de su protección o de su amistad, como Clara de Offreduccio, Jacoba de Settesoli, o como aquella desconocida que vino a pedirle la conversión de su marido que la tiranizaba; caballeroso con las madres de sus hermanos, a las que nunca les negó la ayuda, aunque costase el sacrificio de desprenderse del único ejemplar del Evangelio que poseía la pobre comunidad; de espíritu caballeresco con las mendigas ancianas hasta el grado de mandarles anónimamente y como «restitución» el manto o la tela de que podía disponer (cf. 2 Cel 92; LP 89; EP 33).

Fue cortés con los hombres más alejados de su ideal, como los ricos y todos aquellos que «viven y comen con regalo y visten lujosamente»; cortés, pero con una cortesía no formalista, sino derivada de la consideración de que «Dios es Señor nuestro y de ellos», y deben ser reverenciados como hermanos y señores (cf. TC 58).

viernes, 24 de agosto de 2012

Mansedumbre y cortesía, virtudes típicas de San Francisco de Asís (II)


Por María Sticco

Donde más resplandece la mansedumbre de san Francisco es en el comportamiento con sus hermanos, quienes le hicieron sufrir, y no tanto por una relajación culpable, cuanto por la imposibilidad humana de seguir su excepcional ejemplo. Respetuoso en extremo de la libertad ajena, no procedía autoritariamente contra los que rehusaban las reglas como «pesadas e insoportables»; manifestaba su voluntad inspirada por el Señor, mas «no quería entablar polémicas con ellos; se adaptaba a su voluntad, aun contra la suya propia. Después, ante el Señor, pedía perdón por ello» (LP 101). En compensación, él observaba con el máximo rigor la Regla, o sea, el Evangelio.

jueves, 23 de agosto de 2012

Mansedumbre y cortesía, virtudes típicas de San Francisco (I)


Por María Sticco

Desde lo alto de los muros ferrugientos, las cárceles de Perusa miraban a Asís, pálidas, en las faldas del Subasio. El año 1202 encontrábanse allí, prisioneros de guerra, los vencidos en la batalla de Collestrada, quienes recibían del sol naciente a las espaldas de su ciudad el primer saludo del día. Entre los prisioneros, Francisco de Pedro Bernardone era el único que gastaba siempre buen humor; no se rebelaba contra la suerte, la aceptaba con intrépida alegría, como si se tratara de una aventura, preludio de otras mayores. Querido de todos por su optimismo y cordialidad, se valió de la simpatía que despertaba su persona para ayudar a un compañero de cautiverio, que era el polo opuesto a él: soberbio, molesto, lleno de sí mismo, alejado de los demás. Francisco, no obstante, se le acercó sin impacientarse, «soportó a aquel inaguantable», lo amansó con su cortés mansedumbre, lo reintegró al grupo (cf. 2 Cel 4; TC 4).

domingo, 18 de marzo de 2012

Hemos de ser sencillos, humildes y puros

San Francisco de Asís: Carta a los Fieles (2CtaF 38-56 y 61-62)

Debemos amar a nuestros enemigos y hacer bien a los que nos tienen odio. Debemos observar los preceptos y consejos de nuestro Señor Jesucristo. Debemos también negarnos a nosotros mismos y poner nuestro cuerpo bajo el yugo de la servidumbre y de la santa obediencia, como cada uno lo haya prometido al Señor. Y que ningún hombre esté obligado por obediencia a obedecer a nadie en aquello en que se comete delito o pecado.

viernes, 10 de febrero de 2012

Exposición del Padre Nuestro [ExpPN]

Escritos de San Francisco de Asís

Oh santísimo Padre nuestro: creador, redentor, consolador y salvador nuestro.

Que estás en el cielo: en los ángeles y en los santos; iluminándolos para el conocimiento, porque tú, Señor, eres luz; inflamándolos para el amor, porque tú, Señor, eres amor; habitando en ellos y colmándolos para la bienaventuranza, porque tú, Señor, eres sumo bien, eterno bien, del cual viene todo bien, sin el cual no hay ningún bien.

miércoles, 18 de enero de 2012

Cántico del Hermano Sol


Cántico del Hermano Sol o Alabanzas de las Criaturas
por San Francisco de Asís


Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.

A ti solo, Altísimo, corresponden,
y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.

Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
el cual es día, y por el cual nos alumbras.

Y él es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.

Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las has formado luminosas y preciosas y bellas.

Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustento.

Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta.

Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche,
y él es bello y alegre y robusto y fuerte.

Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,
la cual nos sustenta y gobierna,
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.

Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor,
y soportan enfermedad y tribulación.

Bienaventurados aquellos que las soporten en paz,
porque por ti, Altísimo, coronados serán.

Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.

¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal!:
bienaventurados aquellos a quienes encuentre en tu santísima voluntad,
porque la muerte segunda no les hará mal.

Load y bendecid a mi Señor,
y dadle gracias y servidle con gran humildad.