La alegría y generosidad de Francisco
La alegría junto
con la pobreza son las dos características espirituales de la concepción
franciscana de la vida. Francisco fue un joven «alegre y generoso» (TC 2). La
simplicidad es la fuente de donde bebe su agua el gozo profundo y permanente,
que es el rostro puro de la alegría. Y Francisco fue un hombre simple, a la vez
que dotado de una intensa emotividad: gozaba con una flor, temía ser
incomprendido, tenía una sensibilidad extremadamente vulnerable, manifestaba
antipatías y simpatías, con gusto se mostraba compasivo y servicial, era
siempre veraz y auténtico, dispuesto siempre a dar a todo aquel que le pidiese
por amor de Dios. Alegre, jovial, espontáneo en sus reacciones y firme en sus
decisiones tomadas.