Del Testamento de san Francisco: «El Señor me
dio de esta manera a mí, hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia:
porque, como estaba en pecados, me parecía extremadamente amargo ver a los
leprosos. Y el Señor mismo me condujo entre ellos, y practiqué la misericordia
con ellos. Y al apartarme de los mismos, aquello que me parecía amargo, se me
convirtió en dulzura del alma y del cuerpo; y después me detuve un poco, y salí
del siglo» (Test 1-3).
"La Regla y la vida de los franciscanos seglares es ésta: guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, que hizo de Cristo el inspirador y centro de su vida con Dios y con los hombres. Los Franciscanos seglares dedíquense asiduamente a la lectura del Evangelio, y pasen del Evangelio a la vida y de la vida al Evangelio."
domingo, 9 de septiembre de 2012
sábado, 8 de septiembre de 2012
Lo que es María, podemos serlo nosotros
Por Leonhard Lehmann, OFMCap
Reflexionando sobre
la maternidad virginal de María y analizando pasajes bíblicos, como Mt 12,50,
los Padres de la Iglesia exponen una doctrina amplia y detallada sobre el
nacimiento de Dios en el hombre. Leemos, por ejemplo, en san Juan Crisóstomo:
«Nosotros somos el templo, Cristo es el que habita en él. Él es el primogénito,
nosotros somos sus hermanos... Él es el novio, nosotros somos la novia». San
Agustín y san Gregorio Magno expresaron pensamientos parecidos a los que hemos
encontrado en Francisco de Asís. En ellos analizan si podemos permanecer
abiertos como María a la acción de Dios Trino. Quien se abre al Espíritu de
Dios, se vuelve capaz de engendrar a Jesús y de darlo a luz, como la Virgen
María, no, ciertamente, tal y como ella lo dio a luz en Belén, sino mediante
una vida ejemplar, con las buenas obras, a través de la predicación... Dice,
por ejemplo, Inocencio III: «Por el amor, per affectum, engendramos a
Cristo en el corazón, y lo damos a luz realmente, per effectum, mediante
las obras».
Pensamiento Franciscano
Dice
san Francisco: Sobre todos los que cumplan la voluntad de Dios, «descansará el
espíritu del Señor, y hará en ellos habitación y morada. Y serán hijos del
Padre celestial, cuyas obras hacen. Y son esposos, hermanos y madres de nuestro
Señor Jesucristo... Somos madres, cuando lo llevamos en nuestro corazón y en
nuestro cuerpo, por el amor y por una conciencia pura y sincera; y lo damos a
luz por medio de obras santas, que deben iluminar a los otros como ejemplo»
(2CtaF 48-53).
La Natividad de la Virgen María
Natividad de la
Virgen María, descendiente de Abrahán, nacida de la tribu de Judá y de la
progenie del rey David, de la cual nació el Hijo de Dios, hecho hombre por obra
del Espíritu Santo, para liberar a la humanidad de la antigua servidumbre del
pecado. La celebración del cumpleaños de la Virgen, en que los fieles le
ofrecen su homenaje e imploran su protección, está ligada a la basílica de
Santa Ana, construida en el siglo V en el ámbito de la piscina Probática (Jn
5,1-9), junto al templo de Jerusalén. La tradición localizaba allí la casa de
Joaquín y de Ana, padres de la Virgen. El protoevangelio apócrifo de Santiago
fija el lugar del nacimiento de María en las cercanías del Templo, y ya en el
siglo V los peregrinos visitaban junto a la piscina Probática «la iglesia de
Santa María, en la que ella nació». La basílica actual fue edificada por los
cruzados; en la cripta se venera la casa de Joaquín y de Ana, y el lugar del
nacimiento de su hija María. La liturgia une el aniversario del nacimiento de
la Virgen con la perspectiva del comienzo de los misterios de la salvación. La
celebración mariana es la primicia de los bienes que su Hijo nos traerá. En
esta misma fecha, o en los días inmediatos, se celebra también a la Virgen bajo
múltiples nombres y advocaciones.
Oración: Concede, Señor, a tus hijos el don de tu gracia, para que, cuantos
hemos recibido las primicias de la salvación por la maternidad de la
Virgen María, consigamos aumento de paz en la fiesta de su Nacimiento. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
viernes, 7 de septiembre de 2012
Dios Padre en la experiencia cristiana de Francisco de Asís (II)
Por Luc Mathieu, OFM
Fraternidad de los hijos de Dios
Desde el momento en que Francisco reconoce en
Cristo al Hijo de Dios amado del Padre y que nos reconduce al Padre, se
entablan nuevos lazos que tejen una fraternidad universal articulada en torno
al propio Hijo de Dios: el Padre de Jesús es también nuestro Padre, el Padre de
todos los hombres, el Padre de todas las criaturas. La
palabra «hermano», que aplicamos al Hijo de Dios, por el hecho de haberse
encarnado, conviene igualmente desde ese momento a todo ser surgido de la mano
de Dios, y muy en especial a aquellos a quienes el Hijo invita a reconocerse
hijos adoptivos. Por tanto, la fraternidad universal expresa el origen común,
el común Amor productivo y fecundo que coloca a todos los seres en la
existencia y quiere su perfección y su felicidad.
Pensamiento Franciscano
Dice san Francisco: «El Padre habita en una luz inaccesible, y Dios es espíritu, y a Dios nadie lo ha visto jamás. Por eso no puede ser visto sino en el espíritu, porque el Espíritu es el que vivifica; la carne no aprovecha para nada. Pero ni el Hijo, en lo que es igual al Padre, es visto por nadie de otra manera que el Padre, de otra manera que el Espíritu Santo» (Adm 1,5-7).
jueves, 6 de septiembre de 2012
Dios Padre en la experiencia cristiana de Francisco de Asís
Por Luc Mathieu, OFM
Adoración y reverencia a Dios
Dios tiene siempre un nombre: no es la
divinidad abstracta, ni la trinidad anónima. Francisco nombra siempre a las
personas divinas, Padre, Hijo, Espíritu Santo. La teología trinitaria que
posteriormente desarrollará la escuela franciscana aborda la fe trinitaria a
partir de las personas, con las que cada uno puede entrar en relación de
intimidad.
Pensamiento Franciscano
«Nuestro Señor Jesucristo -escribe Francisco a todos los fieles- puso su voluntad en la voluntad del Padre, diciendo: Padre, hágase tu voluntad; no como yo quiero, sino como quieras tú. Y la voluntad del Padre fue que su Hijo bendito y glorioso, que él nos dio y que nació por nosotros, se ofreciera a sí mismo por su propia sangre como sacrificio y hostia en el ara de la cruz; no por sí mismo, por quien fueron hechas todas las cosas, sino por nuestros pecados, dejándonos ejemplo, para que sigamos sus huellas» (2CtaF 10-13).
martes, 4 de septiembre de 2012
El Espíritu del Señor y su Santa Operación
Por Lázaro Iriarte, OFMCap
Libertad de
espíritu
Francisco se
sintió extrañamente libre el día que se despojó de todo ante el obispo de Asís.
A esta experiencia de liberación vino a unirse la otra de la holgura que
comunica al ánimo el escuchar en lo más hondo del ser el testimonio del
Espíritu que nos cerciora de que somos hijos de Dios; espíritu que no es de
servidumbre, sino de adopción filial, y nos hace movernos
confiadamente en el seno de la familia divina.
Pensamiento Franciscano
San Francisco
escribió a los superiores de su Orden: «Cuando es consagrado por el sacerdote
sobre el altar el santísimo cuerpo y sangre del Señor y cuando es llevado a
alguna parte, que todas las gentes, de rodillas, rindan alabanzas, gloria y
honor al Señor Dios vivo y verdadero. Y que de tal modo anunciéis y prediquéis
a todas las gentes su alabanza, que, a toda hora y cuando suenan las campanas,
siempre se tributen por el pueblo entero alabanzas y gracias al Dios
omnipotente por toda la tierra» (1CtaCus 7-8).
San Moisés
La Iglesia conmemora hoy a Moisés, profeta, guía y
legislador del pueblo de Israel. Nacido en Egipto y depositado en el Nilo para
evitar su muerte, fue sacado de las aguas por la hija del faraón, que lo adoptó
como hijo. Ya adulto, mató a un egipcio y huyó al desierto, donde se casó con
Séfora, hija de Jetró. El Señor se le apareció en la zarza ardiendo, le dijo
«Yo soy el que soy» y lo envió al faraón a pedirle la libertad del pueblo
hebreo para conducirlo a la Tierra Prometida. Después de las plagas de Egipto,
Moisés pudo sacar a su pueblo de aquel país y guiarlo a su tierra, atravesando
el mar Rojo y el desierto. En el monte Sinaí, Dios le entregó las tablas de la
Ley y se estableció la Alianza entre el Señor y el pueblo elegido. Murió lleno
de días y de méritos en el monte Nebo, en tierra de Moab, a las puertas de la
Tierra Prometida. En el Nuevo Testamento, Jesús hizo repetidas veces referencia
a Moisés, y éste apareció junto con Elías en el episodio de la Transfiguración
del Señor.
lunes, 3 de septiembre de 2012
Pensamiento Franciscano
Del Testamento de san Francisco: «El Señor me dio el comenzar a hacer penitencia... Y el Señor mismo me condujo entre los leprosos... Y el Señor me dio una tal fe en las iglesias, que así sencillamente oraba y decía: Te adoramos, Señor Jesucristo... Después, el Señor me dio y me da tanta fe en los sacerdotes que viven según la forma de la santa Iglesia Romana... Y después que el Señor me dio hermanos, nadie me ensañaba qué debería hacer, sino que el Altísimo mismo me reveló que debería vivir según la forma del santo Evangelio... El Señor me reveló que dijésemos el saludo: El Señor te dé la paz».
domingo, 2 de septiembre de 2012
Algunas ideas sobre lo que es la Santidad (II)
De la catequesis de S. S.
Benedicto XVI
en la audiencia general del miércoles 13-IV-2011
Queridos
hermanos y hermanas:
¿Cuál
es el alma de la santidad? De nuevo el concilio Vaticano II precisa; nos dice
que la santidad no es sino la caridad plenamente vivida. «"Dios es amor y
el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él". Dios derramó
su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado.
Por tanto, el don principal y más necesario es el amor con el que amamos a Dios
sobre todas las cosas y al prójimo a causa de él. Ahora bien, para que el amor
pueda crecer y dar fruto en el alma como una semilla buena, cada cristiano debe
escuchar de buena gana la Palabra de Dios y cumplir su voluntad con la ayuda de
su gracia, participar frecuentemente en los sacramentos, sobre todo en la
Eucaristía, y en la sagrada liturgia, y dedicarse constantemente a la oración,
a la renuncia de sí mismo, a servir activamente a los hermanos y a la práctica
de todas las virtudes. El amor, en efecto, como lazo de perfección y plenitud
de la ley, dirige todos los medios de santificación, los informa y los lleva a
su fin» (LG 42).
Pensamiento Franciscano
De las admoniciones de san Francisco: «Consideremos al buen Pastor que, por salvar a sus ovejas, sufrió la pasión de la cruz. Las ovejas del Señor le siguieron en la tribulación y la persecución, en la vergüenza y el hambre, en la enfermedad y la tentación, y en las demás cosas; y por esto recibieron del Señor la vida sempiterna. De donde es una gran vergüenza para nosotros, siervos de Dios, que los santos hicieron las obras y nosotros, recitándolas, queremos recibir gloria y honor» (Adm 6).
sábado, 1 de septiembre de 2012
Algunas ideas sobre lo que es la Santidad (I)
De la catequesis de S. S.
Benedicto XVI
en la audiencia general del miércoles 13-IV-2011
Queridos
hermanos y hermanas:
En las
audiencias generales de estos últimos dos años nos han acompañado las figuras
de muchos santos y santas: hemos aprendido a conocerlos más de cerca y a
comprender que toda la historia de la Iglesia está marcada por estos hombres y
mujeres que con su fe, con su caridad, con su vida han sido faros para muchas
generaciones, y lo son también para nosotros. Los santos manifiestan de
diversos modos la presencia poderosa y transformadora del Resucitado; han
dejado que Cristo aferrara tan plenamente su vida que podían afirmar como san
Pablo: «Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí» (Gál 2,20). Seguir su
ejemplo, recurrir a su intercesión, entrar en comunión con ellos, «nos une a
Cristo, del que mana, como de fuente y cabeza, toda la gracia y la vida del
pueblo de Dios» (LG 50). Al final de este ciclo de catequesis, quiero ofrecer
alguna idea de lo que es la santidad.
Pensamiento Franciscano
Dice san Francisco en su primera Regla: -Los hermanos guárdense de calumniar y de contender de palabra; empéñense, más bien, en guardar silencio. Y no litiguen entre sí ni con otros, sino procuren responder humildemente. No se irriten, porque todo el que se irrite contra su hermano, será reo en el juicio. Y ámense mutuamente, como dice el Señor: Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado (cf. 1 R 11,1-5).
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