domingo, 6 de enero de 2013

Pensamiento Franciscano


Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, Padre santo y justo, te damos gracias porque, así como por tu Hijo nos creaste, así, por el santo amor con que nos amaste, hiciste que Él, verdadero Dios y verdadero hombre, naciera de la gloriosa siempre Virgen María, y que nosotros fuéramos redimidos por su cruz y sangre y muerte (1 R 23,3).

Epifanía del Señor


En la devoción popular se celebra como día de los Reyes Magos. Epifanía significa manifestación, y hoy celebra la Iglesia la manifestación del Señor a todas las gentes, representadas en los Magos, que no pertenecían al pueblo elegido de Israel, pero que, guiados por una estrella, acudieron a Belén donde adoraron al Niño y le ofrecieron sus dones. La solemnidad de la Epifanía se cuenta entre las máximas festividades del año litúrgico, ya que ella celebra, en el Niño nacido de María, la revelación de Aquel que es el Hijo de Dios, Mesías prometido y Luz de las naciones. Según la tradición, los Magos eran tres, Melchor, Gaspar y Baltasar, hombres sabios, entendidos en astrología, venidos de los países de religión pagana del entorno de Israel.-

Oración: Señor, tú que en este día revelaste a tu Hijo unigénito a los pueblos gentiles, por medio de una estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

miércoles, 2 de enero de 2013

El doble precepto de la caridad 



De los tratados de S. Agustín sobre el evangelio de S. Juan

Vino el Señor mismo, como doctor en caridad, rebosante de ella, compendiando, como de él se predijo, la palabra sobre la tierra, y puso de manifiesto que tanto la ley como los profetas radican en los dos preceptos de la caridad.

Pensamiento Franciscano


Ama totalmente -escribe santa Clara a santa Inés- a Aquel que por tu amor se entregó todo entero... A Aquel, el Hijo del Altísimo, a quien la Virgen dio a luz, y después de cuyo parto permaneció Virgen. Adhiérete a su Madre dulcísima, que engendró tal Hijo, a quien los cielos no podían contener, y ella, sin embargo, lo acogió en el pequeño claustro de su sagrado útero y lo llevó en su seno de doncella... Por consiguiente, así como la gloriosa Virgen de las vírgenes lo llevó materialmente, así también tú, siguiendo sus huellas, ante todo las de la humildad y pobreza, puedes llevarlo espiritualmente en tu cuerpo casto y virginal, conteniendo a Aquel que os contiene a ti y a todas las cosas (3CtaCl 15-26). 

martes, 1 de enero de 2013

Francisco y Clara de Asís contemplan el Misterio de María


Por Michel Hubaut, OFM

En los escritos de Francisco y de Clara no hay indicio alguno de «mariolatría» o de devoción sensiblera. En ellos aparece una contemplación equilibrada y profunda de María, esa mujer que ocupa un lugar único en la historia de la salvación. Francisco expresa lo esencial de su piedad mariana en dos textos admirables por su concisión y densidad espiritual.

Pensamiento Franciscano


Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María, que eres virgen hecha Iglesia, y elegida por el santísimo Padre del cielo, consagrada por Él con su santísimo amado Hijo y el Espíritu Santo Paráclito, en la cual estuvo y está toda la plenitud de la gracia y todo bien (SalVM 1-3).

Jornada Mundial de la Paz


El papa Pablo VI quiso que, a partir de 1968, se consagrara este día, el primero del año, a la reflexión y a la oración por la paz, acompañándolas con un Mensaje dirigido ante todo a los jefes de Estado y a los representantes de las naciones. Juan Pablo II y Benedicto XVI han proseguido esta hermosa iniciativa, enviando cada año su mensaje.

Santa María, Madre de Dios


La Iglesia celebra con toda solemnidad el misterio de la maternidad divina de la Virgen el día 1 de enero, fecha en que también se conmemora lo que nos recuerda el evangelio de San Lucas: al cumplirse los ocho días del Nacimiento del Niño, lo circuncidaron y le pusieron por nombre Jesús. La fiesta de hoy está destinada a celebrar la parte que tuvo María en el misterio de la salvación y a exaltar la singular dignidad de que goza la madre de Jesús, Dios y hombre. «Francisco -dice San Buenaventura- amaba con indecible afecto a la Madre del Señor Jesús, por ser ella la que ha convertido en hermano nuestro al Señor de la majestad».

Oración: Dios y Señor nuestro, que por la maternidad virginal de María entregaste a los hombres los bienes de la salvación, concédenos experimentar la intercesión de aquella de quien hemos recibido a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.