Por Julio
Micó, OFMCap
Si Dios es -o debe
ser- para nosotros el Absoluto, lógicamente todo lo demás debe estar en función
de esta convicción, no solamente trabajando por limpiar nuestro corazón para
poder ver a Dios, sino colocando en segundo lugar, por importante que sea, todo
aquello que decimos no ser Dios mismo. El trabajo y el estudio, dos
actividades-tipo que podemos convertir en absolutos, y por tanto en ídolos,
deben supeditarse a la supremacía de Dios (2 R 5,1-3; CtaA 2).