lunes, 20 de febrero de 2012

Evangelio de Hoy

Evangelio: Marcos 9,14-29

"Tengo fe, pero dudo; ayúdame"

En aquel tiempo, cuando Jesús y los tres discípulos bajaron de la montaña, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos escribas dicutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo. Él les preguntó: "¿De qué discutís?" Uno le contestó: "Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar y, cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces."

Hacia Dios por le penitencia (I)


Por Kajetan Esser, OFM

La imitación del Crucificado

Si a san Francisco se le hubiera preguntado por el motivo de su extraordinaria ascesis, inmediatamente hubiera señalado sin duda al Crucificado. Como en todo lo demás, también aquí la contemplación de la vida del hombre-Dios Jesucristo y la escucha de su palabra inspiraron sus actitudes ascéticas. Era para él razón más que suficiente para obrar de idéntica manera: «Reparemos todos los hermanos en el buen Pastor, que por salvar a sus ovejas soportó la pasión de la cruz. Las ovejas del Señor le siguieron en la tribulación y la persecución, en el sonrojo y el hambre, en la debilidad y la tentación, y en todo lo demás; y por ello recibieron del Señor la vida sempiterna» (Adm 6). Cristo, pobre y despreciado, crucificado, que invita a los hombres a imitar, o más bien, a reproducir, su vida, fue para Francisco el más poderoso incentivo para una vida de penitencia y mortificación.

Pensamiento Franciscano

«Consideremos al buen Pastor que, por salvar a sus ovejas, sufrió la pasión de la cruz. Las ovejas del Señor le siguieron en la tribulación y la persecución, en la vergüenza y el hambre, en la enfermedad y la tentación, y en las demás cosas; y por esto recibieron del Señor la vida sempiterna. De donde es una gran vergüenza para nosotros, siervos de Dios, que los santos hicieron las obras y nosotros, recitándolas, queremos recibir gloria y honor» (Adm 6).

domingo, 19 de febrero de 2012

Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras" (Hb 10, 24).


Por Rubén Antonio González Medina, cmf. Obispo de Caguas

El Próximo Miércoles comienza la Cuaresma y el Santo Padre nos ha enviado un hermoso mensaje que te invito a leer detenidamente lleva como Título: Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras" (Hb 10, 24).

7mo. Domingo Ordinario - 19 de febrero de 2012

Santoral


Lecturas de la liturgia


Primera Lectura: Isa?as 43,18-19.21-22.24b-25
"Por mi cuenta borraba tus crímenes"



Salmo Responsorial: 40
"Sáname, Señor, porque he pecado contra ti."


Segunda Lectura: II Corintios 1,18-22
"Jesús no fue primero "sí" y luego "no"; en él todo se ha convertido en un "sí""



Evangelio: Marcos 2,1-12
"El Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados"


Para acceder a las Lecturas presione AQUI

San Conrado Confalonieri de Piacenza

Nació en Piacenza (Italia) hacia el año 1290, de familia noble. Fue amante de la vida mundana y de la caza. En una cacería ordenó a sus criados que prendieran fuego al matorral donde se habían escondido unas piezas. El fuego se extendió y arrasó campos y casas. Conrado volvió a la ciudad sin que nadie lo viera. Acusado del incendio un hombre pobre, fue condenado a muerte. Esto hizo reflexionar a Conrado, que se declaró culpable y tuvo que satisfacer con sus bienes los daños causados. Él y su mujer quedaron en la miseria, pero vieron en ello la mano de Dios y decidieron consagrarse al Señor. Ella entró en las clarisas y él optó por la vida de ermitaño. Vistió el hábito de la Tercera Orden de San Francisco. Peregrinó por Roma y Malta, llegó a Sicilia y se estableció en Noto. Atendió a los enfermos del Hospital hasta que, para huir de sus devotos, se retiró en un eremitorio cercano. Allí murió el 19 de febrero de 1351.

Oración: Oh Señor, justo y bueno, que llamaste a la vida de retiro y penitencia a san Conrado, movido por el sentido de la justicia, te pedimos, por su intercesión, valorar en su justa medida las cosas de este mundo, y anhelar las del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

La Meditación Franciscana (V)

Por Octaviano Schmucki, o.f.m.cap.


Frutos de la meditación franciscana


El estímulo a obrar es para Francisco el fruto principal de la oración. No es éste, sin embargo, su único fruto. Las fuentes antiguas destacan también otros efectos específicos. Así, Celano y, más tarde, san Buenaventura resaltan las sorprendentes sutilezas del santo en penetrar e interpretar la Sagrada Escritura, no obstante carecer de formación exegética. El Seráfico Doctor observa: «El incesante ejercicio de la oración, unido a la continua práctica de la virtud, había conducido al varón de Dios a tal limpidez y serenidad de mente, que -a pesar de no haber adquirido, por adoctrinamiento humano, conocimiento de las sagradas letras-, iluminado con los resplandores de la luz eterna, llegaba a sondear, con admirable agudeza de entendimiento, las profundidades de las Escrituras. Efectivamente, su ingenio, limpio de toda mancha, penetraba los más ocultos misterios, y allí donde no alcanza la ciencia de los maestros, se adentraba el afecto del amante» (LM 11,1).

Pensamiento Franciscano

Dice san Francisco en su Paráfrasis del Padrenuestro: -Santificado sea tu nombre: clarificada sea en nosotros tu noticia, para que conozcamos cuál es la anchura de tus beneficios, la largura de tus promesas, la sublimidad de tu majestad y la profundidad de tus juicios (ParPN 3).

sábado, 18 de febrero de 2012

Evangelio de Hoy

Evangelio: Marcos 9,2-13

"Se transfiguró delante de ellos"

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: "Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías." Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: "Éste es mi Hijo amado; escuchadlo." De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: "No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos." Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de "resucitar de entre los muertos". Le preguntaron: "¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?" Les contestó él: "Elías vendrá primero y lo restablecerá todo. Ahora, ¿por qué está escrito que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Os digo que Elías ya ha venido, y han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito.

La Meditación Franciscana (III)


Por Octaviano Schmucki, o.f.m.cap.

«Método» de la oración franciscana (II)

Basándonos en lo que conocemos de Francisco se puede afirmar, sin miedo a errar, que su oración contemplativa fue eminentemente afectiva. Sin preocuparse de conclusiones lógicas o de elegancia lingüística, acumulaba una serie interminable de atributos y adjetivos con los cuales alababa, adoraba, daba gracias e invocaba a Dios.

Pensamiento Franciscano

Exhortación de san Francisco: -Que nada impida, que nada separe, que nada se interponga. En todas partes, en todo lugar, a toda hora y en todo tiempo, diariamente y de continuo, todos nosotros creamos verdadera y humildemente, y tengamos en el corazón y amemos, honremos, adoremos, sirvamos, alabemos y bendigamos, glorifiquemos y ensalcemos sobremanera, magnifiquemos y demos gracias al altísimo y sumo Dios eterno, Trinidad y Unidad, creador de todas las cosas y salvador de todos los que creen y esperan en él y lo aman (1 R 23,10-11).

viernes, 17 de febrero de 2012

Evangelio de Hoy

Evangelio: Marcos 8,34 - 9,1

"Tomar la cruz y seguir a Jesús"

«Y llamando a la gente a que se reuniera con sus discípulos, les dijo: El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y entonces me siga. 35 Porque si uno quiere salvar su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por mí y por la buena noticia, la salvará. 36 Y luego, ¿de qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si le falta la vida? 37 Pues ¿qué podrá dar para recobrarla? 38 Además, si uno se avergüenza de mí y de mis palabras entre la gente ésa, idólatra y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre.»

La Meditación Franciscana (III)


Por Octaviano Schmucki, o.f.m.cap.

«Método» de la oración franciscana (I)

Hablar de método, es decir, de un modo racional de proceder en la práctica de la oración mental de san Francisco, puede parecer, a primera vista, una paradoja, pues ni los Escritos ni los biógrafos ofrecen ocasión alguna para deducir que él siguiera personalmente, o elaborase para otros, un sistema de meditación, como han hecho otros santos. Dicho procedimiento parecería en contradicción con la libertad evangélica a la que siempre se atuvo Francisco. Por «método», así, entre comillas, intento indicar simplemente algunas fases de la oración mental inherentes a la naturaleza humana, que Francisco no pudo descuidar, y que corresponden a su índole humano-religiosa, en lo que de ella conocemos.

Pensamiento Franciscano

Oración que san Francisco decía en todas las Horas de su Oficio: -Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, todo bien, sumo bien, total bien, que eres el solo bueno, a ti te ofrezcamos toda alabanza, toda gloria, toda gracia, todo honor, toda bendición y todos los bienes. Hágase. Hágase. Amén (AlHor 11).

jueves, 16 de febrero de 2012

Evangelio de Hoy

Evangelio: Marcos 8, 27-33

"Tú eres el Mesías. El Hijo del hombre tiene que padecer mucho"

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino, preguntó a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos le contestaron: "Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas." Él les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy?" Pedro le contestó: "Tú eres el Mesías." Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.

Y empezó a instruirlos: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días." Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: "¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!"

La Meditación Franciscana (II)


Por Octaviano Schmucki, o.f.m.cap.

Fuentes preferidas de la meditación franciscana

El diálogo de Francisco con Dios Trino se alimentaba de la Sagrada Escritura. Francisco conocía con gran claridad el motivo de la dignidad incomparable del Libro de los Libros. En la introducción de su Carta a todos los Fieles afirma: «... me he propuesto anunciaros, por medio de las presentes letras y de mensajeros, las palabras de nuestro Señor Jesucristo, que es la Palabra del Padre, y las palabras del Espíritu Santo, que son espíritu y vida» (2CtaF 3).

Pensamiento Franciscano

Oración de san Francisco ante el Crucifijo de San Damián: -Sumo, glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y verdadero mandamiento.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Evangelio de Hoy

Evangelio: Marcos 8,22-26

"El ciego estaba curado y veía todo con claridad"

En aquel tiempo, Jesús y los discípulos llegaron a Betsaida. Le trajeron un ciego, pidiéndole que lo tocase. Él lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano, le untó saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: "¿Ves algo?" Empezó a distinguir y dijo: "Veo hombres; me parecen árboles, pero andan." Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado y veía con toda claridad. Jesús lo mandó a casa, diciéndole: "No entres siquiera en la aldea."

La Meditación Franciscana (I)


Por Octaviano Schmucki, o.f.m.cap.

Naturaleza de la meditación franciscana

Ante todo, hemos de constatar el hecho innegable de que Francisco, ya desde los inicios de su conversión, se dedicaba con frecuencia y prolongadamente a la oración mental. A su regreso de Espoleto, cuando aún vivía en casa de su padre, encontrándose en cierta ocasión con sus compañeros de fiestas, experimentó de repente la dulzura divina: «Y sucedió que súbitamente lo visitara el Señor, y su corazón quedó tan lleno de dulzura, que ni podía hablar, ni moverse, ni era capaz de sentir ni de percibir nada, fuera de aquella dulcedumbre. Y quedó de tal suerte enajenado de los sentidos, que, como él dijo más tarde, aunque lo hubieran partido en pedazos, no se hubiera podido mover del lugar» (TC 7).

Pensamiento Franciscano

Oración de san Francisco: «Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, Padre santo y justo, por ti mismo te damos gracias, porque, por tu santa voluntad y por medio de tu único Hijo con el Espíritu Santo, creaste todas las cosas espirituales y corporales, y a nosotros, hechos a tu imagen y semejanza, nos pusiste en el paraíso» (1 R 23,1).