lunes, 26 de noviembre de 2012

Del verdadero amor fraterno -
 Admonición No. 24 de San Francisco de Asís


Por Kajetan Esser, OFM

Todos somos hermanos porque todos somos hijos del Padre que está en el cielo, y nuestra unidad fraterna es el signo del nuevo pueblo de Dios, de los siervos de Dios en la nueva alianza: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13,35). Así pues, el amor mutuo que nosotros, como «hermanos menores» y siervos de Dios, debemos hacer realidad plenamente y sobre todo en la Iglesia, es el principal servicio que tenemos que prestar al Reino de Dios, a su realización aquí y ahora.

Pensamiento Franciscano


Del Canto de exhortación de san Francisco a las Damas Pobres de San Damián:

«Las que están por enfermedad gravadas
y las otras que por ellas están fatigadas,
unas y otras soportadlo en paz,

»porque muy cara venderéis esta fatiga,
pues cada una será reina en el cielo coronada
con la Virgen María» (Audite).

domingo, 25 de noviembre de 2012

Cómo conocer el Espíritu del Señor – Admonición No. 12 de San Francisco de Asís (II)


Por Kajetan Esser, OFM

Del propio yo al Espíritu del Señor

«Así se puede conocer si el siervo de Dios tiene el espíritu del Señor: si, cuando el Señor obra por medio de él algún bien, no por eso su carne se exalta, porque siempre es contraria a todo lo bueno, sino que, más bien, se tiene por más vil ante sus propios ojos y se estima menor que todos los otros hombres» (Adm 12).

Pensamiento Franciscano


Oración de san Francisco: «Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, todo bien, sumo bien, total bien, que eres el solo bueno, a ti te ofrezcamos toda alabanza, toda gloria, toda gracia, todo honor, toda bendición y todos los bienes. Hágase. Hágase. Amén» (AlHor 11). 

sábado, 24 de noviembre de 2012

Cómo conocer el Espíritu del Señor- Admonición No. 12 de San Francisco de Asís (I)

Por Kajetan Esser, OFM

Introduccion

En la carta a los Romanos afirma san Pablo que los cristianos son hombres que viven, no según la carne, sino según el Espíritu, porque -continúa diciendo- «los que viven según la carne desean las cosas de la carne; en cambio, los que viven según el Espíritu, desean las cosas del Espíritu. El deseo de la carne es muerte; en cambio, el deseo del Espíritu, vida y paz. Por ello, el deseo de la carne es hostil a Dios, pues no se somete a la ley de Dios; ni puede someterse. Los que están en la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo» (Rom 8,5-9).

Pensamiento Franciscano

Dice san Francisco en su Regla: «El Espíritu del Señor, al contrario del espíritu de la carne, se aplica con empeño a la humildad y la paciencia y a la pura y simple y verdadera paz del espíritu. Y siempre desea, sobre todas las cosas, el temor divino y la sabiduría divina y el amor divino del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (1 R 17,14-16).

jueves, 22 de noviembre de 2012

De la imitación del Señor Admonición 6ª de San Francisco (I)


Por Kajetan Esser, OFM

Consideremos todos los hermanos al Buen Pastor, que por salvar a sus ovejas sufrió la pasión de la cruz. Las ovejas del Señor le siguieron en la tribulación y la persecución, en la vergüenza y el hambre, en la enfermedad y la tentación, y en las demás cosas; y por esto recibieron del Señor la vida sempiterna. De donde es una gran vergüenza para nosotros, siervos de Dios, que los santos hicieron las obras y nosotros, recitándolas, queremos recibir gloria y honor (Adm 6).

Pensamiento Franciscano


Dice san Francisco en su Carta a toda la Orden: «Ruego a mi señor el ministro general, que haga que la Regla sea observada por todos, y que los clérigos recen el oficio con devoción en la presencia de Dios, no atendiendo a la melodía de la voz, sino a la consonancia de la mente, de forma que la voz concuerde con la mente, y la mente concuerde con Dios, para que puedan aplacar a Dios por la pureza del corazón y no recrear los oídos del pueblo con la sensualidad de la voz» (CtaO 40-42).

miércoles, 21 de noviembre de 2012

San Francisco, un hombre comunión (II)


Por Sebastián López, OFM

A la paz desde la guerra: en la sociedad

En su mundo, él iba a ser hermano, comunión. El hermano Francisco. Por eso yo diría que Francisco, lo que es romper, no rompió con nadie. No le iba. Él era pobre para hacer sitio, para disponer de tiempo y espacio en el corazón, pero no para hacer de la pobreza un fortín ni tampoco un pedestal. Él era pobre, por ejemplo, para respetar. Reverenciar, diría él. Respetar, conceder a cada ser su sitio, como a aquel gusanillo del camino que apartaba para que no lo aplastasen. Eso precisamente. Que nadie se monte sobre los otros. Menores de todos y para todos, porque todos señores en el Señor Jesús. Es la pobreza. Él no tiene otra palabra para ser acogedor, para hacerse hermano.

Pensamiento Franciscano


Del Saludo de san Francisco a la Virgen: «Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María, que eres virgen hecha iglesia y elegida por el santísimo Padre del cielo, consagrada por Él con su santísimo amado Hijo y el Espíritu Santo Paráclito, en la cual estuvo y está toda la plenitud de la gracia y todo bien. Salve, palacio suyo; salve, tabernáculo suyo; salve, casa suya. Salve, vestidura suya; salve, esclava suya; salve, Madre suya» (SalVM 1-5).

Presentación de la Santísima Virgen María


Según una tradición apócrifa, la Virgen María, a la edad de tres años, fue llevada al templo de Jerusalén por sus padres, para ser debidamente educada en la religión junto con otras niñas. Esta fiesta, típicamente oriental, recuerda la dedicación de la basílica de Santa María la Nueva, construida cerca de Templo de Jerusalén, en el lugar donde se creía que habían vivido los padres de la Virgen. En verdad, lo que hoy celebramos es la consagración que María hizo de sí misma a Dios, ya desde su infancia, movida por el Espíritu Santo, de cuya gracia estaba llena desde su concepción inmaculada. En esta fecha son muchas las personas que renuevan las promesas de consagración religiosa, recordando la oblación primordial que hizo María de sí misma.

Oración: Te rogamos, Señor, que a cuantos hoy honramos la gloriosa memoria de la santísima Virgen María, nos concedas, por su intercesión, participar, como ella, de la plenitud de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor.  Amén.

martes, 20 de noviembre de 2012

San Francisco, un hombre comunión (I)


Por Sebastián López, OFM

A la paz desde la guerra: en la sociedad

«Los hermanos, cuando van por el mundo...» (2 R 3,10). Con estas palabras nos revela Francisco su reconciliación con el mundo, el contorno humano e institucional, por la que optó ya al principio de su vocación evangélica, cuando según Celano, «escogió no vivir para sí solo, sino para Aquel que murió por todos, pues se sabía enviado a ganar para Dios las almas que el diablo se esforzaba en arrebatárselas» (1 Cel 35). Francisco había dejado el pecado del mundo, pero escogió una Vida y Regla sin muros que le separaran o alejaran de él -«Los hermanos nada se apropien, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna» (2 R 6,1)-, y que hiciese posible el diálogo con los hombres, «hablando a todos honestamente, como conviene» (2 R 3, 11).

Pensamiento Franciscano


Dice san Francisco en su Regla: «Aconsejo de veras, amonesto y exhorto a mis hermanos en el Señor Jesucristo que, cuando van por el mundo, no litiguen ni contiendan con palabras, ni juzguen a los otros; sino sean apacibles, pacíficos y moderados, mansos y humildes, hablando a todos honestamente, como conviene. En cualquier casa en que entren, primero digan: Paz a esta casa» (2 R 3,10-14).